La comarca bañezana pudo ser la puerta a la minería del oro

bateoOroEl hallazgo de nuevas explotaciones auríferas romanas y los datos geológicos y cartográficos obtenidos de éstas permiten plantear una nueva hipótesis de trabajo sobre el inicio de las prospecciones mineras de época romana en el suroeste de León, en las zonas de los ríos Jamuz, Eria y Duerna.

Los descubrimientos se expondrán hoy, en el marco de las Jornadas de Arqueología en el Valle del Duero, que se celebra esta semana en el Museo de la Evolución Humana de Burgos, y plantean la posibilidad de los trabajos para extracción del oro que se ejecutaron en los valles de los ríos Eria y Duerna pudieran haber comenzado en el área del río Jamuz, en el municipio de Quintana y Congosto.

Un equipo de geólogos de las universidades de Cantabria y Salamanca plantea que la búsqueda del mineral comenzó en las explotaciones encontradas en este término municipal. Desde aquí habrían remontado hasta cotas más altas, tanto por el Eria y por el Duerna, valles de fácil acceso desde este punto.

Según explicó el doctor en Geología Javier Fernández Lozano, leonés y profesor del Departamento de Ciencias de la Tierra y Física de la Materia Condensada de la Universidad de Cantabria, las explotaciones encontradas ahora se sitúan a una altitud de 840 metros, frente a los 900 a los que se localizan en los valles del Eria y el Duerna.

«Los romanos establecían una secuencia de ejecución de los trabajos mineros, basado en un avance progresivo desde las cotas más bajas hasta las más elevadas», explicó el investigador, como refuerzo de la hipótesis de trabajo que se abre con estos descubrimientos. Una vez que se encontró el preciado elemento en el Jamuz, los ingenieros romanos habrían ganado altura «para meterse en los valles auríferos por excelencia» del distrito minero de Valduerna y Valdería —en León existieron, además de ésta, las zonas de explotación de el Bierzo-Las Médulas, Omaña y Cabrera—.

Las explotaciones están formadas por «cortas de escaso desarrollo y zanjas poco profundas», por lo que la huella de las explotaciones es «difícil de identificar por haberse acometido sobre depósitos sedimentarios de tipo raña —consecuencia de la elevación de la Sierra del Teleno, que hasta ahora se habían considerado terrazas fluviales—», cuyos canales «se utilizaron luego como acequias».

Sin embargo, la Laguna de Quintanilla de Flórez y el arroyo de Valdediego «pudieron utilizarse en la explotación» de oro. El dato más significativo que ha encontrado el equipo de investigadores «es que la anchura de los valles que forman arroyos de caudal intermitente o incluso ya inexistentes no se corresponde con su volumen de agua. Tiene que ser fruto de la acción del hombre». Fernández Lozano indicó que el arroyo Valtabuyo «tiene 400 metros de ancho en cabecera, lo que sólo se explica por una modificación antrópica importante» como la explotación del oro. Esta excesiva anchura de los arroyos se observa también en otros puntos de la provincia y el especialista asevera que «la geomorfología de estos valles nos va a facilitar mucha información sobre la minería del oro en la provincia».

Añade que en la zona del Jamuz se dan topónimos «como Gándara o Garandillas» «que aparecen en los textos de Plinio el Viejo como conglomerados que a los mineros romanos costaba especial trabajo excavar».

Dentro de las investigación se incluyó la batea de 300 kilos» de sedimentos tomados de las zonas donde se identificaron las explotaciones, lo que permitió extraer varias partículas de oro.

La escasa profundidad de las cortas mineras hace pensar «que los trabajos realizados habrían constituido pequeñas labores de prospección, que habrían guiado «los trabajos mineros hacia los valles contiguos, situados en el interior de las sierras de la Cabrera y el Teleno, donde las labores alcanzan un mayor desarrollo técnico y ocupan amplias extensiones de terreno».

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