La Valduerna volvió a ser reclamo de los pendones

Los pendones arropan, a la entrada del templo, la llegada de las imágenes de la Virgen. A. VALENCIA -

Los pueblos de la comarca celebran las pascuas subiendo hasta el santuario con los pendones, las cruces parroquiales y las vírgenes, la estampa siempre sorprende, aunque se cuente por decenas.

Será por la magia del entorno, por la historia e historias que guarda, por esa subida imponente o por la tradición que se respira, pero lo cierto es que las romerías que abraza la Virgen del Castro nunca defraudan. A las doce, las campanas del santuario titular de la Valduerna comenzaron a repicar, anunciando la subida de las enseñas de los pueblos. Una vez más las localidades de la comarca se unieron para celebrar las pascuas, una tradición, dice la sabiduría popular, milenaria, que se celebra desde tiempos de santo Toribio como señal de agradecimiento a la Virgen por todo el año.

Lo de ayer fue la reunión de una gran familia. Vecinos y paisanos de todas las edades compartieron una jornada de convivencia que amaneció temprano, cuando, desde cada pueblo de la comarca arrancó la comitiva para juntarse a los pies de la cuesta. Desde ahí, abriendo el camino fueron subiendo las enseñas, dando color al cielo y ondeando bien arriba con la maña de pujadores y remeros. Después, las tallas de las vírgenes de los pueblos —las conocidas ‘hermanas’ de la Virgen del Castro— siguieron el camino hacia el templo. Las castañuelas pusieron la música a la jornada y fueron las mujeres las encargadas de portar las imágenes. Cerrando la comitiva, las cruces parroquiales también salvaron con soltura la subida.

Dentro del santuario, las tradicionales telas de los pendones hicieron un pasillo para abrazar el paseo de las tallas de la Virgen que, una a una, fueron entrando al templo, donde imponente esperaba la Madre de la Lluvia, la Virgen del Castro. La jornada se vivió como una fiesta, donde no faltaron ni las avellanas ni las almendras. El agua se hizo necesaria para reponer fuerzas después de subir con destreza la cuesta que llega al santuario y mayores y niños compartieron una tradición que cada año mantienen viva toda la comarca. Hasta el santuario se desplazaron pendones de otras zonas e incluso de la vecina provincia de Palencia.

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