Salvan un gran tesoro del siglo XVII en Vecilla de la Vega

Retablo Vecilla de la Vega

Un equipo multidisciplinar ha salvado el retablo mayor de la iglesia parroquial de Vecilla de la Vega, localidad perteneciente al Ayuntamiento de Soto de la Vega. Se trata de una verdadera obra de arte que, como muchas otras, se encuentra atesorada en una pequeña localidad leonesa sin que se le hubiese dado todo el valor e importancia que su singularidad histórico-artística tiene.

La restauración ha sido posible gracias al convenio anual entre la Diputación y el Obispado de Astorga. La primera referencia a la factura de este retablo remonta al siglo XVII, concretamente al 4 de octubre de 1622. En esta fecha se firma el contrato con el escultor astorgano Diego de Gamboa (discípulo de Gregorio Español) y el ensamblador Francisco de Rivera, natural también de Astorga. Juntos trabajaron en diversos encargos en iglesias, ermitas y conventos de la comarca. Hay que señalar que en esta obra escultórica del maestro Gamboa se advierten influencias no sólo de Gregorio Español, sino también de Gregorio Fernández, sobre todo en el tratamiento de los pliegues de los ropajes; y de Esteban de Rueda, en la realización de los bucles de los cabellos y las barbas de las esculturas.

Con estas referencias, no resulta desmedido calificar el retablo mayor de Vecilla de la Vega como uno de los más destacados y admirables conjuntos barrocos leoneses. La estructura, realizada por Francisco de vibera, está integrada por un basamento y una predela de 90 centímetros, con profusa decoración escultórica, y tres cuerpos, divididos los dos primeros en cinco calles y el superior en tres. El soporte es de tablones de madera de nogal cortados con sierra, desbastados con hacha y labrados a azuela, como se pudo apreciar durante los trabajos de restauración.

Los trabajos artísticos en este retablo se ciñen al banco o predela y los tres cuerpos superiores, donde se combinan pinturas realizadas por Juan de Peñalosa y Sandoval, fallecido en Astorga en 1633, formado con Pablo de Céspedes y cercano a Francisco Pacheco, suegro de Velázquez.

De esta pinturas ya dice Gómez Moreno que son de tendencia italiana, las esculturas son de Diego de Gamboa. El policromado y dorado fue posterior a la finalización de la obra, ejecutado por Bartolomé Cascallana, según consta en escritura de 1677.

Destacan el Tetramorfos, los cuatro padres de la Iglesia, los doctores de la Iglesia, san Francisco y san Antonio de Padua y una serie de medios y altorrelieves de personajes como san Juan Bautista, Moisés, la escena de la Visitación o Jesús Resucitado.

En el primer piso, sobre el banco, partiendo desde el centro hacia los lados, se encuentra una hornacina presidida por una talla de la Virgen, conocida localmente como ‘la de la Portería’, curiosa denominación que se desconoce en qué momento se le atribuyó popularmente.

Es indudable que el retablo está consagrado a San Esteban Protomártir, ya que, en el segundo piso, tanto la escultura central como el cuadro que se encuentra a su derecha, le representan. En este segundo piso se encuentran, además la imagen de una Virgen y de san Mamés, un cuadro pictórico del martirio de San Lorenzo. En el ático se ubica el Calvario, con las tres imágenes cobijadas en su caja. El crucificado está inspirado en el que Becerra diseñó para el retablo de Astorga. A la izquierda del Calvario se encuentra una pintura de Santa Teresa de Jesús, canonizada, precisamente, el mismo año en el que se suscribió el contrato de ejecución de este retablo.

Curiosamente, las pinturas de este retablo exhiben los caracteres propios del Manierismo y en algunos rasgos se aprecian claras similitudes con las obras de maestros como El Greco o incluso Miguel Ángel, como en el caso de las figuras de san Lorenzo y santa Catalina.

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