«Este año, de llover, muy poquitín», según los leoneses que predicen el tiempo

«Este año, de llover, muy poquitín». Belarmino Ferrero, de Alija del Infantado, asegura que las cabañuelas «nunca me han fallado» y este año dicen que vendrá seco. Francisco Alonso desvela en su calendario de San Jorge los buenos días para el campo y la albañilería. 

El tiempo de León para 2018 está escrito con una caligrafía de las que ya no se ven y con una gracia de las que hay que conservar en una agenda de propaganda de la cerveza Mahou que Belarmino Ferrero Crespo encontró entre los muchos cachivaches que guarda en casa.

Las seis páginas que ha dejado escritas como testimonio de las cabañuelas de 2018 se resumen en cuatro lacónicas palabras: «De llover, muy poquitín». Este vecino de Alija del Infantado anota en una agenda del año 1979 las incidencias climatológicas más relevantes desde hace más de dos décadas y asegura que «de momento, nunca me han fallado».

Veremos este año, haciendo uso de la coletilla que Ferrero usa en abundancia como cierre de las observaciones que anota cada día, entre el 13 de diciembre y el 6 de enero: «Veremos lo que hace mañana».

Belarmino Ferrero asegura que sus cabañuelas, como se llama a esta costumbre popular para predecir el tiempo, son válidas desde Ponferrada hasta Salamanca, justamente el territorio que abarca la región leonesa en el antiguo mapa que conserva en el bar que regentó durante décadas en el pueblo, pues de su época de la mili conserva amistades que le dan noticia del tiempo que hace en Camponaraya, en la comarca del Bierzo, y en Salamanca. La sequía será la nota dominante de un año «muy parecido» al anterior, apostilla.

Las predicciones de las cabañuelas se basan en la observación de dos ciclos de una docena de días cada uno que representan a los 12 meses del año, desde el 13 de diciembre hasta el 6 de enero, o lo que es lo mismo, de Santa Lucía hasta Reyes. De enero a diciembre en la primera cuenta y de diciembre a enero en la segunda.

El tiempo que hace en los días de menos luz del año, coincidentes con el solsticio de invierno, representan cada mes del calendario. «Es miércoles y es enero, todo el día nublao, a ratos salió el sol por la mañana. Por la tarde nublao y con un frío que pelaba. A ver mañana lo que hace».

Así comenzó la cuenta de las cabañuelas de Belarmino Ferrero el día 13 de diciembre. El 5 de enero, las cabañuelas certificaban una pequeña borrasca a las siete de la mañana y ni una gota más de agua durante todo el día.

Los nublaos y fríos, helados días de sol, competirán en las condiciones atmosféricas del primer mes de 2018, según las predicciones de este hombre del tiempo leonés, que empezó a contar las cabañuelas en 1994. «Un día trabajando en los jardines del Ayuntamiento escuché en la radio esto de las cabañuelas y pensé: ¡Coño! Esto es lo que traigo yo en la cabeza todos los días».

Mino, como le conocen en el pueblo, recuerda que «desde pequeño iba al monte con la escopeta, clandestino, y me pasaba el día mira para acá, mira para allá». Mirando a las nubes y observando la naturaleza, como se hizo desde los primeros tiempos de la humanidad para medir el tiempo y programar las labores del campo.

Las cabañuelas le sirven de entretenimiento y son un reto a la artrosis que acecha a sus huesos y cada vez le hacen más difícil escribir las predicciones en la libreta que guarda la memoria del tiempo en las dos últimas décadas en León.

En la salita-comedor que ha habilitado en el bar que regentó durante años se acomoda en el sillón, bien cerca de la estufa que atiza con tantas ganas que a media tarde ya está al rojo vivo o, como dicen en Alija, «embrasinada». Belarmino Ferrero dice que ya tiene pocas ganas de escribir, pero mantiene la disciplina y ha completado un año más sus cabañuelas.

Niebla meona en febrero

«Es jueves y es febrero, amaneció con medio niebla meona y frío. De llover nada. Veremos a ver el viernes lo que quiere hacer», es la segunda anotación de Ferrero en su cuaderno. Las cabañuelas, insiste, hacen prever un «año malo, de llover nada o muy poco».

En los días correspondientes a marzo, el 15 de diciembre y el 3 de enero, el método tradicional pronostica frío y hielos, «un hielo regular heló la bomba de sacar el agua», y unas gotas de agua que apenas dejaron rastro en el suelo. Para abril, sol y a pesar de que «cayó un buen hielo», anota Mino en su agenda que «de agua nada». El mismo tiempo da para mayo en la jornada del sábado 17 de diciembre. «Así que a ver mañana...», vuelve a anotar en su agenda.

Para los meses de verano, el sol es el protagonista y las bajas temperaturas que vuelven a helar la bomba del agua confirman al observador vecino que «de momento no está de agua». «Nada para llover», anota en el mes de septiembre.

El día 22 de diciembre, el correspondiente con el mes de octubre, escribe Belarmino en la vieja agenda de Mahou: «Es viernes, es octubre, todo el día con sol, pero con buena helada. El agua se marchó para siempre». Al día siguiente, equivalente a noviembre, sigue el hielo y el sol pero «con un frío que pelaba», dice la libreta. Y el 24, Nochebuena, cayó otro «yelo gordo, después, por la tarde, vino la niebla».

La segunda ronda de las cabañuelas no mejoran las expectativas para la climatología de 2018 en León. El día 5 de enero, que corresponde al mes de enero según sus cuentas, escribe Ferrero que a las siete de la mañana «cayó una borrasca, pero por el día ni una gota. Todo el día nublao».

El día 31 de diciembre, Nochevieja, las expectativas del observador del tiempo estaban muy altas: «A ver, porque los del tiempo no paran que va a llover. Vamos a ver lo que hace. Todo el día lluvisnando, no mucha agua. Pero, bueno, acertaron los del tiempo», admite.

Las cabañuelas no disponen de satélites para hacer sus predicciones, el tiempo que pronostican las cabañuelas tomadas por el vecino de Alija del Infantado no difiere de las previsiones meteorológicas de la Aemet para el primer trimestre de 2018.

Una nieta de Belarmino que vive en Madrid lo contó en el colegio y el profesorado quedó fascinado por una tradición que desconocían por completo. Su nieta Natalia, que acude al instituto a Benavente, asegura que va aprendiendo la costumbre del abuelo, aunque aún no se ha decidido a tomarle el relevo.

A Natalia le presta ver a su abuelo anotar las predicciones en la vieja agenda. A lo largo del año, de vez en cuando abren la agenda para corroborar que no se equivocaron. Belarmino también intercambia información sobre las predicciones con su vecina Torina. «Ella hace las cacabañuelas en agosto y dieron sequía y sequía», apostilla.

La mujer, labradora incansable, usa el método de levantar una piedra del río para ver si viene el año húmedo o seco. «El 6 de agosto hay que levantar un piedra del río regular. Si está bien húmeda, viene el año húmedo, si no, nada», explica. El último agosto, la piedra que levantó Torina estaba seca. Malas noticias para el campo y para el medio ambiente de una provincia que se ha blanqueado ligeramente en estos primeros días de enero, pero que contempla con asombro como las nevadonas de antaño parecen haberse desplazado hacia el este y sur.

«El Teleno, que coge mucha nieve, casi no tiene nada», dice Mino con cierto desaliento. El hombre escribe las predicciones y se acuerda de su esposa que murió hace 43 años. «Me quedé con cuatro hijos, la pequeña de cuatro meses y la mayor de 12 años», explica. Recuerda que aquel año iba a llevarla a Alemania, para que conociera el país a donde Mino emigró de joven para trabajar como cocinero, otro de los oficios que ha desempeñado con mucho fundamento. «La cocina es lo que mejor se le da», afirma.

Belarmino Ferrero fue durante años el cocinero oficial de la fiesta de La Vizana. La última comida la guisó en el verano de 2016 para más de 500 comensales. «En casa de mi padre nunca faltaron peces ni caza, aunque éramos siete hermanos», alega.Otra hazaña que relata con orgullo es el año que trajo al entonces obispo de Astorga, Antonio Briva, a pescar al río.

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