Vestas cierra en Villadangos dejando en la calle a 362 empleados de la factoría

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Vestas anunció ayer el cierre total y definitivo de la fábrica de Villadangos, con el que pondrá fin a la actividad que mantiene en este polígono leonés desde hace doce años, una decisión que forma parte de la estrategia industrial y comercial de la compañía danesa que aprobó el pasado jueves.

Su consejo de administración en Copenhague y aniquila cualquier esperanza de éxito en las medidas de presión que habían emprendido los empleados de la planta leonesa con el fin de sostener la actividad económica en la factoría.

La multinacional justifica la decisión de cerrar el centro de Villadangos con el propósito de mantener la competitividad en un mercado eólico global en plena expansión. «La reciente evolución del mercado ha traído consigo una reducción de la demanda de la plataforma de 2 megawatios en Europa; mientras que la demanda de la plataforma de 4 megawatios en el área europea se puede satisfacer con una menor capacidad de producción», explica en un comunicado en el que se detiene en algunos pormenores sobre los que cimenta esta despedida traumática de León.

En ese recorte incluye los 362 empleados fijos que mantienen la producción en la fábrica de ensamblaje, a los que la empresa ya dio cuenta de su decisión de cesar la actividad. Vestas anuncia que en breve comenzará a negociar con el comité de empresa los pormenores de este cierre de negocio, aunque anticipa que considera la posibilidad de reubicación de los empleados de esta factoría leonesa en otras fábricas y centros de operación y mantenimientos de Vestas en España; o fuera de la compañía, a través de un plan de recolocación. En el camino de esta liquidación de existencias y personal, Vestas despidió en el mes de julio a otros 180 trabajadores, en un aperitivo del plato fuerte que supone la deslocalización de la tarea fijada en León; China, Rusia o Argentina podría ser el destino final de esta tarea.

Vestas agota, de esta forma, cualquier cauce que diera visos de continuidad a las líneas de ensamblaje de aerogeneradores que explotaba en el polígono del alto Páramo, donde se instaló hace una docena de años y en el que ejerció como motor de desarrollo industrial de este punto y nodo logístico, ahora tan relevante para la economía y el mercado laboral de la provincia leonesa. La suerte de la planta leonesa quedó echada en el consejo de administración de Vestas que se celebró el pasado jueves en Dinamarca; la compañía ocultó durante cinco días el veredicto, a pesar de los intentos que realizó este periódico con la multinacional para desvelar este desenlace adverso a más no poder para la delicada situación de la salud del empleo en territorio leonés. En agosto de 2006 partió de la fábrica de Villadangos el primer aerogenerador armado en la factoría de León de Vestas con destino al puerto de La Coruña, con destino a Alemania; en el mismo mes que doce años después llegó la misiva de la empresa danesa con la orden de cerrar la verja. Para no volver a abrir.

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