Varios pacientes se unen para reivindicar que vuelvan todos los tratamientos contra el dolor al Hospital de León

Varios pacientes se unen para reivindicar que vuelvan todos los tratamientos contra el dolor al Hospital de León. RAMIRO - Un grupo de pacientes de la Unidad del Dolor del Hospital de León se movilizan para pedir más terapias que alivien sus sufrimientos. "Queremos las mismas técnicas que se hacen en Valladolid, como antes de la reestructuración del servicio. No entendemos por qué hasta febrero eran buenas y ahora, con el cambio de responsable, ya no están recomendadas". Nueve usuarios cuentan en este reportaje cómo conviven con el dolor crónico.

¿Cómo se puede medir lo que duele el dolor? Las personas que sufren dolor crónico aseguran que «son de muerte, no te dejan vivir». Así lo define Natividad Benavides, de 55 años, «Empecé con artritis reumatoide degenerativa. Ahí comenzó mi calvario. El ginecólogo me envió a la Unidad del Dolor. Siempre me ha atendido el doctor Bronte, que ahora no está en el servicio. Empezó con infiltraciones, después epiduroscopia... Las infiltraciones siempre me calmaban hasta que dejaban de hacer efecto. Ahora tenían que hacerme una epiduroscopia pero no me dan cita». La llamada no llega ni para ella ni para ningún paciente a los que antes de febrero se les había prescrito esta técnica. Una reestructuración del servicio ha provocado un cambio en los tratamientos que hasta ahora se realizaban en la unidad, tras la salida del coordinador, Emilio Bronte, por un enfrentamiento profesional con un compañero que está en fase de instrucción judicial. Con el cambio, los pacientes se sienten desatendidos. «Cuando tengo un dolor tan grande quiero que se me escuche», dice enérgica Natividad Benavides. «No me siento bien tratada ahora. El otro día en la consulta me dijeron que lo mío era de psiquiatra y que todo lo que me habían hecho hasta ahora no estaba bien hecho. Me han estado haciendo sufrir con dolores que me pegaba contra la pared. Ahora resulta que la epiduroscopia es mala, pero fue lo único que me hizo volver a andar cuando estaba en silla de ruedas. Tengo depresión porque tengo dolores, y no al revés».

La epiduroscopia, usada en la visualización percutánea para diagnóstico y tratamiento del dolor lumbar crónico en el síndrome de columna fallida tras una operación, fue pionera en España de la mano del anestesista Enrique Ortega, el actual jefe de la Unidad del Dolor del Río Hortega de Valladolid, que impulsa esta técnica. En el Hospital de León, tras la reestructuración del servicio, ya no se hace. Desde que se implantó esta técnica en octubre del año 2015, el Hospital de León ha operado a 128 pacientes. Otros cincuenta se quedan a la espera de entrar en el quirófano.

Una de esas pacientes es Maite Sánchez, de 42 años. «Estaba en lista de espera para que me colocaran un neuroestimulador desde mayo del 2017. Hace dos meses fui a la consulta y me dijeron que lo más indicado para mi era la radiofrecuencia y que me incluirían en la lista de espera. Me dieron los papeles para volver a empezar. Les dije que yo ya estaba en lista de espera, lo comprueban y me llaman a los tres días y me dicen que el neuroestimulador no me lo ponen, que hay técnicas más innovadoras como la radiofrecuencia y me llaman a los dos días para entrar al quirófano, que no pude porque estaba en tratamiento con antibióticos. Fui a Atención al Paciente a poner una reclamación. Tuve que explicar durante 45 minutos lo que pasaba y después puse una queja en el Procurador del Común».

Sobre la mesa del Procurador del Común hay tres reclamaciones más de pacientes de la Unidad del Dolor de León, pero Amoedo rechaza una reunión con los afectados «porque no somos una asociación de pacientes». Ante la dificultad de actuar en grupo, las personas afectadas inician los trámites para formalizar una asociación «que nos permita reivindicar un servicio digno para León», explica Roberto Garrido, de 46 años. «Me operaron en el año 2007 de una artrosis de columna lumbar. Tengo dolor desde hace muchos años. Voy a urgencias, me inyectan medicación pero no me hace nada. El traumatólogo que me operó me envió directamente a la Unidad del Dolor ‘para que el doctor Bronte te lo quite’, eso fue lo que me dijo. Me hizo una epiduroscopia y me quitó un trozo de fibrosis en la columna. Se me quitó el dolor. En marzo tenía otra vez consulta pero me llamaron y me dijeron que el médico que me trataba no estaba ni tenía sustituto. Ya he puesto dos reclamaciones en Atención al Paciente. Tengo pendiente otra consulta el 16 de mayo. Todo son mentiras y tenemos un trato vejatorio. Si queremos que nos reciba el Procurador del Común tenemos que asociarnos». Los pacientes quieren que el Hospital de León «ofrezca las mismas técnicas contra el dolor que practican en Valladolid, como hasta hace unos meses».

A Begoña Carro la derivaron al Río Hortega de Valladolid. «Estaba pendiente de una epiduroscopia en León. En la consulta de Valladolid me han dicho que no me la hacen porque llevo puesto un neuroestimulador, pero en León sí me lo hicieron antes con el neuroestimulador puesto». Esta paciente insiste en desmentir al gerente del Hospital de León. «A mí nunca me trataron en Valladolid antes, el doctor Ortega nunca me había visto antes, no es verdad lo que ha dicho y quiero que se retracte».

A Alba del Río Pardo, de 21 años, ningún médico le ha dado la oportunidad de tratar su dolor en la unidad hospitalaria. «Llevo desde el 2009 de médico en médico. Estoy pendiente de que me vuelvan a operar de los pies. Tuve que ir a un médico de pago para saber que lo que me pasa es que tengo los tendones cortos. Rabiaba de dolor, pero el traumatólogo me dijo que a la Unidad del Dolor sólo iban las personas con un cáncer terminal y el médico de cabecera dice que lo que me pasa no es para la Unidad de Dolor (llora). Estoy desesperada porque tengo 21 años y no puedo andar».

Cuantificar el dolor que sufre un paciente no es una tarea fácil. No todas las personas sienten igual los mismos síntomas. Ese es el reto de la medicina. Lo que para algunos pacientes es una molestia despreciable para otros puede llegar a ser insoportable. «No todos los médicos lo entienden», dicen los pacientes. «Y las familias tampoco».

Los dolores sin una causa física clara cuestan en León 20 millones de euros al año en pruebas y consultas. Son dolores que no encuentran solución con ninguna terapia. «Tu sabes lo que tienes. Hay doctores que lo entienden y te ayudan a llevar una mejor calidad de vida. Otros no. En general, los médicos no entienden el dolor», dice Flor Fuertes Cabero, de 45 años, que arrastra esta dolencia desde hace 14 años. «Tengo desgaste de columna y huesos. Me han operado dos veces y estoy en la unidad desde hace 14 años. Este cambio me afecta el 300%. El 16 de abril me cambiaron una bomba de morfina que me pusieron hace tres años, pero se salió un cable. He tenido el síndrome de abstinencia, con vómitos y escalofríos. Ya me lo han arreglado. Bronte me subía un poco las dosis cuando tenía mucho dolor, pero ahora se niegan a hacerlo. Cuando tenía mucho dolor me ponían infiltraciones y medicaciones que ahora no tengo (llora). Vivo en un dolor constante todos los días. Además de la bomba de morfina tomo diez pastillas pero el dolor no se va. No puedo dormir más de dos horas seguidas. El dolor crónico existe y es una enfermedad pero molestamos, somos un lastre».

Tamara Cano Rodríguez tiene 42 años. «Tuve un accidente de tráfico con 18 años que me dejó unas secuelas que me provocan dolor. En 2001 me hicieron un injerto en el cuello en Madrid que funcionó durante 7 años. Después me derivaron a la Unidad del Dolor. Estoy en lista de espera desde marzo de 2017 para que me coloquen un neuroestimulador y ahora me dicen que no me lo ponen. Me dicen que tengo mal el cuello pero se niegan a poner el neuroestimulador. Me han puesto un tratamiento con pastillas. Me han hecho radiofrecuencia pero no me funciona. Al menos las infiltraciones me hacían descansar unos días».

Elena López Aller tiene 45 años. Ha pasado por una endometriosis, dos cesáreas y un tumor ginecolígico. «Tengo dolores crónicos parecidos a una apendicitis todos los días. Tomo opiaceos y morfina. Con 44 años no puedo ir a la compra sola. Bronte me ponía una epidural cada tres meses. Eso me dejaba vivir, pero desde abril estoy esperando para volver. Me han dicho que no hay agendas para dar cita».

Javier Ferreras tiene 38 años. «Llevo 9 años con distrofia simpático refleja en el brazo derecho. Después de un año en lista de espera para colocarme un estimulador me llaman para anular la cita y me mandan a Salamanca para que me operen de una simpactectomía», se queja este paciente.

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