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La bañezana y directora del Centro Nacional de Epidemiología, Marina Pollán, analiza los datos pandémicos

Redacción Viernes, 04 de Diciembre de 2020 Tiempo de lectura:

María Pollán Santamaría nació en 1960 en La Bañeza, donde su abuelo tenía una fábrica de chocolate y desde Junio de 2019, esta bañezana aunque viva en Madrid, es epidemióloga y la directora del Centro Nacional de Epidemiología en el Instituto de Salud Carlos III, desde donde le ha tocado afrontar esta pandemia, formando parte del equipo de expertos que están trabajando para acabar con esta enfermedad tan vírica.

 

Desde 1990 trabaja en Epidemiología del cáncer en el CNE. En el año 2016 accedió por oposición a la escala de profesores de investigación. Hasta  su nombramiento era jefa de Servicio de Epidemiología del Cáncer en el Área de Epidemiología Ambiental y Cáncer de dicho centro. Además, en diciembre de 2017 fue nombrada directora científica del Ciberesp; consorcio del que también formaba parte como líder de uno de los grupos de investigación del mismo.

 

Ahora está inmersa en una labor primordial que es frenar e incluso finalizar esta pandemia que tanto daño está haciendo en todo el mundo, así como en nuestro país. Desde el Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), han publicado recientemente que la letalidad de la infección por SARS-CoV-2 en población no institucionalizada en España se sitúa entre un 0,8% y un 1,1%. 

 

El trabajo, realizado a partir de los datos aportados por el Estudio Nacional de Seroepidemiología ENE-COVID, la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE) y el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), estima que la letalidad de la infección durante la primera onda epidémica fue mayor entre hombres que entre mujeres, y asciende significativamente a partir de los 50 años, situándose entre el 12% y el 16% en los varones mayores de 80 años. 

 

Para realizar este estudio se ha contado con la información aportada por los más de 61.000 participantes en las tres primeras rondas del estudio ENE-COVID, que permiten estimar el número de personas infectadas en nuestro país, y con las cifras de fallecidos obtenidas combinando los datos de la RENAVE y el exceso de muertes estimado por el MoMO.

 

Los datos de la RENAVE ofrecen información sobre las defunciones entre los casos de COVID-19 diagnosticados y notificados por las comunidades autónomas. Por otra parte, el MoMo proporciona información del exceso de muertes durante la pandemia, sin poder distinguir cuáles están causadas directamente por el nuevo virus y cuáles son consecuencia de otros factores asociados o no a la situación sufrida durante la pandemia. 

 

De forma global, se ha calculado una letalidad del 0,8%. Este porcentaje surge del análisis de cerca de 20.000 fallecimientos en personas no institucionalizadas, sobre un total de 2,3 millones de personas infectadas incluidas en la investigación (desde el inicio de la pandemia hasta el mes de julio). El 0,8% de letalidad de la infección estimada sube al 1,1% si se refiere al exceso de muertes (por todas las causas) durante la pandemia. 

 

Marcadas diferencias por edad y sexo 

Los resultados confirman algunos datos ya observados a lo largo de la pandemia: la enfermedad es más grave en las personas mayores y los hombres presentan mayor riesgo de morir tras ser infectados por SARS-CoV-2. 

 

Finalmente, los autores consideran que la especial atención que merecen las personas mayores, que son el grupo más vulnerable, no debe traducirse en una relajación de las medidas y precauciones entre el resto de la población, ya que las altas tasas de transmisión y el alto porcentaje de susceptibilidad a la infección pueden seguir causando importantes cifras de fallecidos en la población general y en estos colectivos. Cabe recordar que en España la mayor parte de las personas mayores viven en sus casas o con su familia. 

 

Los firmantes señalan que es difícil establecer comparativas con otros estudios realizados hasta el momento en otros países. Las características de cada país, las distintas consecuencias de la pandemia según zonas geográficas, la diversidad en vulnerabilidad social, las diferencias poblacionales y la disparidad de sistemas sanitarios, entre otros factores, dificultan esta comparación. Independientemente de estos factores, muchas de las estimaciones publicadas en la literatura proceden de estudios que no representan adecuadamente a la población, como ha puesto de manifiesto una gran revisión citada en el artículo. 

 

Entre las limitaciones de la investigación, cabe mencionar que quedan excluidas del análisis las más de 300.000 personas que viven en residencias en España. Puesto que el estudio ENE-COVID incluye una muestra representativa de los hogares españoles, la estimación de la letalidad de la infección está restringida a este mismo ámbito; es decir, no incluye a la población de las residencias de ancianos, en las que la epidemia ha sido mucho más intensa, tanto en España como en otros países como Reino Unido, Canadá y Estados Unidos. 

 

Los firmantes del trabajo pertenecen al citado Centro Nacional de Epidemiología; al Centro Nacional de Microbiología; a la Escuela Nacional de Sanidad; al CIBER de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP), y a la Red Española de Investigación en Enfermedades Infecciosas (REIPI). En el estudio también han colaborado investigadores del Ministerio de Sanidad y de la Escuela de Medicina y Salud Pública de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, además de los responsables del equipo investigador del estudio ENE-COVID. 

 

Los resultados aportan información epidemiológica fundamental para mejorar el diseño de políticas de salud pública destinadas al control de la pandemia y ha sido posible gracias a la gran respuesta que el Estudio Nacional sero-Epidemiológico ENE-COVID ha tenido en la población española.

Estudio completo

 

Entrevista a Marina Pollán realizada por "El País"

En el día de hoy como consecuencia de este estudio el diario nacional "El País" publica una entrevista a esta bañezana en el que desvela varias claves como que "habría sido más sencillo si en vez de tener 17 sistemas de información sanitaria hubiéramos tenido uno".  Además también analiza la escasa plantilla con la que se cuenta en el Centro Nacional de Epidemiología, donde trabajan en la actualidad 77 personas [13 más que en enero, pero todavía 23 menos que en 2008]. Entrevista completa a María Pollán: “No sabemos lo que ocurre en las residencias de ancianos”

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