
Integrante de los ya míticos "+turba2", pregonero en la sombra de la pandemia y "ajedrecista" de rotondas; Adrián repasa con Diego Toral una vida dedicada a la liberación del disfraz.
El caso de Adrián Ferrero es particular y distinto. Sus compromisos profesionales lo llevan por todo el mundo, pero tiene una regla de oro: desde noviembre, los días de Carnaval están bloqueados en su calendario internacional. Para él, cruzar el charco y aterrizar el viernes a medianoche en Madrid no es un esfuerzo, es el ritual necesario para alcanzar su momento de liberación anual.
De las reglas de los grupos clásicos a la "locura" de los +Turba2
Adrián comenzó su andadura en grupos tradicionales como La Bombilla, donde aprendió los códigos del desfile. Sin embargo, su verdadera identidad carnavalera floreció con los +Turba2.
"Con ellos he aprendido a disfrutar el carnaval de una manera mucho más espontánea y natural. Es libertad pura", confiesa en la entrevista.
Y para los que siempre se lo han preguntado: sí, el nombre viene de ser "los más turbados" del carnaval, una oda a esa locura compartida que ahora, tras su fusión con los Vagos Permanentes, ha dado lugar a los "Masturvagos".
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Anécdotas para la historia: desde John Lennon y Yoko a la Guardia Civil
Si algo define a Adrián es su capacidad para encarnar personajes. Junto a su compañero Diego Cabero, dio vida a un John Lennon y Yoko Ono con piano incluido que ya es historia viral de la ciudad. Pero quizás su momento más surrealista ocurrió en la rotonda de Valeska.
Ataviado como el gran maestro de ajedrez "Barbachov", Adrián se encontraba disputando una partida contra una tetera (dotada de "inteligencia artificial") en plena hierba de la rotonda. La escena terminó con la intervención de la Guardia Civil: "Me echaron de la rotonda de forma muy correcta, pero me siento orgulloso; me recordó a eso de 'correr el carnaval' que hacían nuestros antepasados", bromea.
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El pregón del laboratorio
En 2021, en pleno confinamiento, Adrián y su socio Alberto Acero aceptaron el reto de ser pregoneros. Ante la imposibilidad de llenar el Teatro Municipal, decidieron meter el carnaval en el laboratorio, creando un pregón en formato vídeo que levantó el ánimo de una ciudad que aquel año no pudo salir a la calle.
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"Camuflarse y compartir"
Para Adrián, el secreto del buen carnavalero no es solo disfrazarse, sino camuflarse. Su proceso creativo dura todo el año —anotando las ideas en el móvil—, aunque la ejecución física sea "marca de la casa": improvisación pura en los últimos 3 o 4 días.
Hoy, aunque vive un carnaval más familiar junto a sus hijos —especialmente con su hija Coral, que ya le pide salir con él los sábados—, no pierde la esencia: "El carnaval es una fiesta para quitarse las reglas y buscar la originalidad".
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